La religiosidad popular en la evangelización cristiana

Religiosidad popular, es el conjunto de creencias, prácticas y doctrinas que se transmiten de generación en generación. Si deseas saber todo lo relacionado con la religiosidad popular, ¿qué es? ¿cómo es expresada en nuestra cultura? y mucho más, continúa leyendo este artículo.

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Religiosidad popular

La Religiosidad popular es tener la libertad de poder practicar la religión que consideremos más conveniente de acuerdo a nuestras creencias y deseos.

Normalmente, adoptamos y practicamos la religión de nuestros padres, y transmitimos estas creencias, doctrinas y prácticas a nuestros hijos, y estos, a sus hijos, y así sucesivamente, transmitiéndose entonces de generación en generación, promoviendo también, importantes valores humanos.

Podemos decir entonces que la religiosidad popular es la libre expresión de nuestra religiosidad, y de modo colectivo, es como el pueblo expresa su relación con Dios o con la divinidad.

Esta religiosidad popular es tolerada o aceptada porque promueve y mantiene vivo el sentido de Dios, permitiendo que su pueblo le siga y continúen aumentando la cantidad de creyentes o fieles.

La religiosidad popular mantiene una relación interesada con la divinidad, lo que día a día mueve su relación con la sociedad es el peligro, la necesidad, los anhelos y la angustia que trae consigo la vida cotidiana.

Esos sentimientos, son también los que llevan a las personas a realizar ciertos actos culturales.

La religiosidad popular espera que la divinidad le otorgue milagros a cambio de un castigo o sufrimiento como una especie de “intercambio”. Las procesiones, rogativas y novenas son las prácticas más comunes para recibir a cambio favores como puede ser la curación de una enfermedad, la obtención de un beneficio o protección contra un peligro.

La religiosidad, acude o solicita la intercesión o intervención de los ángeles, Santos, espíritus y las almas de sus antepasados, para poder sentir que tienen algo a lo que aferrarse y mantenerse fuertes a pesar de las caídas y dificultades de la vida.

La religiosidad popular es un mismo sentir de todo un pueblo para con su fe y con Dios. El pueblo, ha entendido desde tiempos muy remotos  que nosotros solo adoramos a un Dios, y ese es Cristo.

Algunas de estas creencias o manifestaciones según el pueblo, pueden ser consideradas simples supersticiones por el Magisterio de la Iglesia. Una de las mayores diferencias entre religiosidad oficial y religiosidad popular es que la primera se imparte en instituciones.

Por ejemplo: Iglesias, catequesis, escuela dominical, entre otras, mientras que la segunda, es impartida por el mismo pueblo para sus familiares, es más “a lo interno”, por decirlo de alguna manera.

La religiosidad popular no puede ser juzgada por nadie, ni siquiera por la misma Iglesia, ya que esta va ligada íntimamente con las creencias personales de cada individuo, por ello, deben ser respetadas.

Esta religiosidad popular es la manera que tiene el pueblo y cada ser humano de poder expresar la religión que practica de manera genuina, sin importar si esta es considerada como una falta a la doctrina promovida por la Iglesia.

Como seres espirituales, necesitamos estar conectados con nuestro Padre, de lo contrario, nuestra alma no encontrará paz hasta que no disfrutemos de la vida eterna junto al Padre y su reino aquí en la tierra.

¿Cómo inició entonces esta religiosidad popular? Desde siempre. Y se ve reflejada en su cultura, tradiciones y costumbres de cada pueblo.

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¿Cómo se refleja la religiosidad popular a través de la cultura?

Antes de explicar este punto, consideramos importante definir ¿qué es cultura? Cultura es todo aquello que aprendemos dentro de nuestro hogar, ejemplos, conductas, creencias y prácticas en nuestro núcleo familiar.

Por ejemplo, la evangelización traída por los conquistadores fue adoptada como parte de la cultura popular, generándose entonces la religiosidad popular para el nuevo mundo.

Entonces, esta religiosidad es manifestada en un primer plano en el hogar, nuestra primera escuela e Iglesia. Todos nuestros valores y principios, provienen de nuestros ancestros. La cultura hispana es un claro ejemplo de ello.

En realidad, todo gira en torno a la religión: cumpleaños, si celebramos un aniversario de matrimonio o de un ser querido que haya fallecido, una graduación o un evento familiar, o cualquier otro, la religiosidad siempre está presente. La manera más sencilla y popular de agradecer a Dios es celebrando una misa.

En estos tiempos actuales la Iglesia Católica cobra cada vez más consciencia sobre lo importante que es cultivar valores cristianos desde la base de toda sociedad, es decir, la familia.

La Iglesia, también ha empezado a reconocer la importancia que tiene la religiosidad popular para las familias cristianas y el pueblo de Dios en general.

Las personas, necesitan sentir que tienen la libertad no solo de seguir doctrinas dictadas por el Magisterio de la Iglesia, sino además, formar sus propias creencias, a lo interno, desde el hogar.

Tener creencias y prácticas propias dentro de la familia resulta sumamente positivo, ya que la devoción, la fe, el amor y la unión no solo como familia, sino por Dios se manifiesta y fortalece cada día más.

En el pasado, la religiosidad popular era considerada como primitiva, una fe “menos pura” por decirlo de alguna manera, sin embargo, con el paso de los años, ha cobrado tanta fuerza la guía religiosa del hogar que su importancia solo puede crecer cada día un poco más.

Incluso, ha ganado tanta popularidad, que ahora se promueve por los mismos religiosos la religiosidad popular. De hecho, el Magisterio de la Iglesia ha venido desarrollando desde aquel Concilio Vaticano II una profunda y gran reflexión sobre este tema.

La religiosidad popular no es ni tiene que ser un enemigo de la Iglesia, por el contrario, los sacerdotes, han empezado a aprovechar este recurso a su favor, convirtiéndose más bien en una herramienta poderosísima para la evangelización.

Cada familia representa una Iglesia doméstica, por lo que se puede generar un cambio importante a nivel de sociedad. Evidentemente, la Iglesia no puede estar presente en cada uno de los hogares, o al menos, no al mismo tiempo.

Por lo que, si cada familia, de un modo interno se convierte en multiplicador de los valores, prácticas y tradiciones ofrecidas por el Magisterio de la Iglesia, y además, se anexan valores y creencias propias, la experiencia se vuelve mucho más enriquecedora.

Cuando aprendemos en nuestro hogar a amar a Dios Padre por nuestros propios padres, las ganas de conocerlo, enamorarnos de él, glorificarle y evangelizar se convierten en parte de nuestra vida. Hablar de Dios con el corazón rebosante de amor y gozo se hace sencillo.

La intención al promover la religiosidad popular es que las familias y el pueblo de Dios reflexionen de manera sincera y profunda sobre la religiosidad en sus vidas y adquiera un nuevo valor en ellas, generándose una verdadera conversión desde la voluntad y el libre albedrío.

Podemos decir que la religiosidad popular es la manera en como el pueblo de Dios busca conocerle, para enamorarse de él, seguir su ejemplo y su camino, pero de manera voluntaria y no por imposición de religiosos o la Iglesia.

Amar a Dios desde la voluntad y el libre albedrío es la manera más hermosa que existe de amarle, porque nace de nuestro corazón y nos mueve, nos inspira, a seguirle, obedecerle y glorificarle cada día hasta que exhalemos nuestro último aliento.

La religión, está tomando un nuevo camino, está evolucionando con la sociedad y está empezando a reconocer los problemas a los que hoy en día se enfrenta la familia. Ha empezado a comportarse de manera más flexible, aunque obviamente, aún hay temas en los que se mantiene firme.

La religiosidad del pueblo, en términos generales es una expresión se su fe, es esa búsqueda y esa necesidad de Dios, en base, por supuesto, a su historia, tradiciones, creencias e idiosincrasia propios de la región.

Esta religiosidad popular inicia en casa y se va transformando en parte de nuestra cultura y se conecta y hace más fuerte cada vez que reforzamos esas creencias de manera constante, cada vez que vamos a misa, oramos todos en familia, entre otras.

La participación activa del pueblo en la creación de su propia cultura, es lo que va reforzando de cierta manera la fe, mediante el compartir, el conocer a otras personas que también profesen valores y principios iguales o similares a los míos, es en ese “crear entre todos” que nos vamos fortaleciendo e inspirando cada día para amar más a Dios y disponernos a servirles.

 

Cada vez que el pueblo se une con el propósito de crear, compartir con otros su experiencia, generar proyectos en conjuntos para el beneficio de sus respectivas comunidades, el resultado es maravilloso y el proceso de evangelización se hace más sencillo y ameno.

Como seres humanos somos seres sociales y el querer ser parte de algo es una necesidad. Nos gusta sentir que aportamos nuestro granito de arena desde ese espacio o ese proyecto que hemos creado con otros y del cual somos parte, eso, es algo que sin duda nos mueve.

Es por ello, que la religiosidad popular es como una bola de nieve que cada día crece más y más y nace desde ese querer estar con Dios, disfrutar de la vida eterna junto a él, propia del sentir humano.

Incluso, el mismo Papa  Pablo VI escribió que la religiosidad popular es la manera de expresar esa búsqueda de la intimidad con Dios, esa sed y esa hambre de Dios, de querer estar, saber, conocerle cada día más. De nunca cansarnos de él, por el contrario, seguirle y sentirnos dichosos de tenerlo en nuestras vidas.

Los pobres y los humildes de corazón son los que más buscan a Dios, pues su vida es menos afortunada y necesitan algo a lo que aferrarse para mantenerse con vida día a día.

Como seres humanos, lo divino, lo sagrado, tiene un gran valor para nosotros, no solo a nivel espiritual, sino a nivel sentimental, y cada uno de nosotros puede expresarla de la mejor manera según lo considere.

La religiosidad popular de cada pueblo posee marcadas y profundas raíces cristianas, las cuales, son expresadas con actitudes y creencias propias de cada familia y la fe, la devoción y el amor que le demuestran a Dios cada día.

Desde el origen, la religiosidad expresada por todo un pueblo podríamos decir que es una expresión pública y una manifestación de la fe cristiana y mediante esta, las personas humildes de corazón, expresan su relación íntima con Dios, la amada Virgen María y los Santos a los que les tienen fe.

El culto a Dios corresponden principalmente a sus propias vivencias y experiencias personales, culturales, espirituales, creencias, tradiciones y costumbres aprendidas, entre otros.

Tal y como ha explicado el catecismo de la Iglesia, especialmente, la Iglesia Católica, el sentir del pueblo religioso puede llegar a ser tan diverso como rico, porque aporta su valor peculiar y familiar, sus propias tradiciones y costumbres, transformándose es una experiencia de crecimiento personal y espiritual.

Por ejemplo, hay personas que veneran imágenes o estatuillas de Dios, la Virgen, o diversos Santos (propios o de la Iglesia), otros, prefieren asistir a misa y adorar a los santos y a Cristo redentor, otros más, peregrinan, rezan el rosario, entre ellos, sin embargo, cada uno expresa su manera de amar a Dios.

La religiosidad popular podemos decir entonces que posee una perspectiva y experiencia personal, y otra más comunitaria. El punto de vista personal implica el cómo nos relacionamos de manera íntima con la divinidad, como expresamos nuestra devoción, fe y amor a Dios.

 

Desde una perspectiva más comunitaria, resulta más bien el cómo nos comportamos dentro de la sociedad, es más bien, el ayudar al prójimo, el crear proyectos comunes para el bienestar de todos, el predicar la palabra y seguir el camino de servicio de Dios.

Los miembros de cada comunidad se convierten entonces en los protagonistas de estas historias, de la conversión de otros miembros de su propia comunidad y es allí, donde la Iglesia empieza a cobrar fuerza y a “manifestarse” en cada hogar de manera simultánea.

Ya que sus propios miembros, le facilitan dicha tarea y son más bien miembros activos de la evangelización. La Iglesia y sus devotos, pueden continuar creciendo alrededor del mundo y convirtiéndose en el centro de la fe cristiana.

No olvidemos ni obviemos el papel que juegan los religiosos, laicos fieles y sacerdotes dentro de las comunidades, pues estos representan una base para su pueblo, que le escucha con atención, solicita su apoyo cuando así lo requiere.

Estos líderes religiosos son los encargados de representar a Dios en la tierra, de ser su voz, sus ojos y oídos y nos enseñan a ver el mundo desde una perspectiva distinta, a través de los ojos amorosos de Dios, a servir a otros con gozo y a practicar lo que predicamos.

La religiosidad popular va mucho más allá de lo simbólico o de un discurso racional, posee su propio lenguaje y maneras particulares de expresarse, es más bien, un tanto intuitiva si se quiere.

Con frecuencia, incluye también ritos, lenguaje corporal, imágenes o signos más visibles, involucrando siempre a sus fieles, y expresando un lenguaje particular: un lenguaje que viene más bien desde el corazón.

A través de este lenguaje único, el amor de Dios puede entrar en el corazón de los hombres y haciéndose parte de sus corazones, destruyendo toda coraza que pudiese haberlo “endurecido como piedra”, e invitándonos a incluir en nuestras costumbres, valores y maneras de ser y actuar.

Cuando permitimos que Dios habite en nuestro corazón, el amor y el gozo parecieran rebozar nuestra alma y nos hacen actuar de manera servicial, de amar a todos nuestros hermanos, y mejorar cada día no solo individualmente sino también como colectivo.

La piedad popular, por ejemplo, se ha convertido en un gran patrimonio de la Iglesia Católica, y nuestra fe, se ha hecho sangre y carne de Cristo.

Una de las maneras más auténticas en las que se manifiesta esta piedad popular es como un fruto del Espíritu Santo y la presencia de manera activa del Espíritu de Dios. Es, una realidad, evolución, transcendencia de nuestro ser.

Las culturas, así como nuestra realidad, los problemas a los que nos enfrentamos en estos tiempos modernos han cambiado, por lo que la Iglesia y la religiosidad también han empezado a cambiar con nosotros, a ser un poco más flexibles.

En el pasado hubiese resultado imposible escuchar a un obispo, por ejemplo, invitando a los padres a conversa sobre sexualidad con sus hijos, o a la Iglesia, discutiendo sobre la familia y el cómo ayudarnos a enfrentar esta nueva realidad.

El mundo está cambiando, de eso no existe la menor duda, y nosotros tenemos dos opciones, cambiar con él o quedar en el olvido. La Iglesia, por su parte se ha venido integrando con las comunidades, de manera más humana.

Incluso, hace el llamado a sus representantes religiosos que sean ellos quienes se acerquen a sus comunidades y le muestren al pueblo que ellos también son uno más de nosotros, y padecen las mismas dificultades que nosotros.

En el pasado y durante muchísimos años, la Iglesia se había mostrado más bien como una especie de élite exclusiva, en donde ellos vivían realidades muy distintas a las de sus comunidades y pueblos.

Hoy, en día, la Iglesia se involucra cada vez más y de manera más humana y solidaria con sus comunidades y pueblos, y eso, ha empezado a resultar atractivo a personas que se mantenían alejadas no de Dios, pero sí de la Iglesia por este mismo tema de mostrarse como algo exclusivo.

El Papa Francisco, ha venido a representar nuevas luces para las familias, para los matrimonios, los jóvenes y cada persona, porque aunque sea la máxima autoridad en la Iglesia se ha mostrado compasivo.

Siempre ha escuchado a Dios, y lo seguirá haciendo, pero nos ha brindado nuevas perspectivas y maneras de afrontar la vida desde la sencillez, el mantenernos siempre humildes y buscar a Dios ante cualquier dificultad.

Continúa siendo el mismo mensaje si se quiere, pero nos permite sentirnos más conectados y motivados a actuar y desarrollarnos a través del Espíritu Santo, el cual, es el protagonista de nuestras transformaciones profundas.

El papa Francisco, dijo en cierta ocasión que la religiosidad popular debe mantenerse en constante desarrollo, en donde invitemos al Espíritu Santo al entrar en nuestras vidas y transformarlas completa y enteramente. Declarémonos entonces servidores e instrumentos del Señor.

Hoy en día el crecimiento descontrolado de sectas religiosas ha manchado y adaptado a sus propias creencias lo que es la Iglesia y las verdades de Dios. Ese mensaje que fue único, se ha ido tergiversando y adaptándose no según los mandatos de Dios, sino a los deseos personales del hombre.

Si bien es cierto que debemos actuar en base a nuestras propias creencias, están deben ser una añadidura al servir a Dios, seguir su palabra y su camino y no en generar otras culturas o cultos que generen más bien confusión y acercamiento a religiones más “emocionantes”.

Debemos mantenernos apegados a Dios y sus mandamientos y obedecerle, no debemos adorar a dioses falsos y paganos, ni pecar de ninguna manera. Debemos mantener firmes nuestras bases y esto solo se logra fortaleciéndonos en la palabra de Dios.

Las tradiciones y el patrimonio moral  que se ha venido construyendo a través de los años, corre el riesgo de afectarse con estas nuevas sectas y es nuestro deber como cristianos apostar y defender el legado que Dios nos ha otorgado.

Convirtámonos entonces en evangelizaremos, anunciemos a Dios, su palabra, sus obras, para que otros puedan conocerle y seguirle, amarle y adorarle. Demos fe de nuestro testimonio, compartamos como ha sido nuestro proceso de transformación.

Compartamos con alegría y gozo como Dios ha llegado a nuestras vidas y como nos ha otorgado un nuevo corazón, y ya no nos hemos sentidos amargados, solos o vacíos, sino bondadosos, generosos y dispuestos a servir.

La evangelización es la manera en la que podremos rescatar nuestros valores, creencias y raíces cristianas, es la manera en la que tenemos para asegurar un crecimiento y mantenimiento no solo de la fe, sino de una fe profunda y “pura”.

Existe un documento llamado “Instrumentum laboris”, el cual, nos ofrece diversas referencias sobre la religiosidad popular y la importancia, así como también, en el documento en su número 83 nos expresa y subraya la importancia de la Iglesia en seguirse manteniendo a la cabeza de las “Iglesias domésticas”.

No es una necesidad de control, sino más bien de mantenernos en el camino de Dios, conducirnos entre tanta malicia y deseos personales de los hombres de obtener reconocimiento y creer que es más poderoso que Dios.

Pablo VI decía que si bien la religiosidad popular es importante, también como Iglesia, es su deber establecer ciertos límites para que no perdamos nuestro norte y costumbres, para evitar confusiones.

El beato Papa Juan Pablo II expresó una vez que la religiosidad popular nos es más que una fe arraigada en nuestra cultura, son nuestras raíces que nacen desde lo más profundo de nuestro corazón y se conecta con nuestras ideas.

Las expresiones de la religiosidad popular en nuestra tierra

Por su parte, las expresiones de esta religiosidad popular existe un predominio de sensible devoción, por ejemplo: generar nuevos espacios en donde el pueblo mismo pueda generar “espacios sagrados”, visitar reliquias o tener dentro de sus hogares imágenes de Dios, la Virgen o los santos de su preferencia.

Las imágenes, los símbolos, entre otros, permiten al pueblo esa comulgación y comunicación íntima con Dios. Le permiten también, reforzar su fe y “sentir a Dios más cerca”, siempre presente de manera más visual.

Estos objetos, estatuillas y demás símbolos, representan una manera de expresión para Dios. Asistir a festivales o actividades especiales propuestas por la Iglesia, es una manera también de mantenernos conectados con Dios y aspirar a nuestra propia evolución y santidad.

La religiosidad popular es una realidad si se quiere “viva”, que es manifestada a través de cada uno de nosotros y que ha venido manifestando un gran crecimiento e impacto sobre todo, en estos últimos años.

Su importancia, se ha visto reflejada en su rápido crecimiento, pero también, en la experiencia que puede ofrecernos. Posee también, una característica cuantitativa ya que impacta e involucra a un número importante de personas.

Al mismo, tiempo, es también significativa, ya que como hemos mencionado en diversas ocasiones, puede ser percibida como una expresión propia de nuestra cultura, lo cual, manifiesta nuestro sentir como pueblo, como individuos y como colectivo.

En cada región, podemos apreciar diversidad de estas manifestaciones de religiosidad popular, entre ellas podemos mencionar o destacar las siguientes:

a.- Festividades

En cada pueblo existen diversas festividades que podemos celebrar para honrar y glorificar a Dios, a la Virgen María y a otros Santos reconocidos por la Iglesia. Estos tiempos son experimentados como un tiempo de convivencia, celebración y mucho gozo y alegría.

La devoción, en estas festividades puede respirarse en el aire, ya que están íntimamente relacionadas con alguna tradición religiosa, la cual, nos permite expresarnos y tener presencia y participación como pueblo de Dios.

Las fiestas patronales, por ejemplo, nos ofrecen experiencias vivas de la fe, la música y el fuego son elementos indispensables en estas celebraciones, pues representan júbilo y religiosidad.

b.- Otras celebraciones

El principal objetivo o destino de estas celebraciones es Dios y los distintos misterios que acontecieron en su vida desde su nacimiento, hasta su pasión, muerte, y finalmente, la resurrección.

La Navidad

Es una época colmada de intensidad, emociones, amor y mucha unión, pero también de compartir y reflexionar sobre todo lo que hemos logrado a lo largo de ese año.

La Navidad, es una época en donde la reflexión interna, profunda y sincera con nosotros mismos no debe faltar, así como también, debemos tener presentes nuestra fe en ese Dios que decidió venir a este mundo como hombre.

Esta época viene acompañada también de hermosos villancicos, belenes, costumbres, cabalgata de reyes (en algunas regiones), comidas típicas de la época, entre otras.

Celebración de la Pasión y Muerte de Jesucristo

Es una época y celebración muy importante, especialmente, cobra más fuerza y sentido durante la semana santa y la cuaresma, las cuales, debemos destacar que se celebra de manera particular en cada pueblo, pero siempre con una intención, fortalecer nuestra fe y generar una renovación y transformación profunda y genuina de nuestros corazones.

Los pueblos, en estas celebraciones veneran a Jesucristo, mediante oraciones como el “Nuestro Padre Jesús” o con otras más particulares como la “Santa faz” o el “santo cáliz”.

La resurrección, está también vinculada a la celebración de esta tradición y se integra también junto a la celebración de la Virgen María, por la alegría que nos trae consigo la pascua.

Durante la pascua son frecuentes las procesiones, ya que reflejan la alegría de tener ante nosotros a Jesús resucitado, demostrando su poder que puede vencer hasta a la misma muerte. Este día, también se preparan comidas tradicionales y típicas de cada pueblo.

Eucaristía

La devoción hacia la Eucaristía es también, algo muy popular, pero al mismo tiempo, muy nuestro (Venezuela). El pueblo de Dios celebra con gran alegría el Corpus christi.

En ciertas regiones se realizan procesiones con el Santísimo Sacramento en sus hombros durante la mañana de pascua. Ese día pascual, también se ofrece la comunión a los enfermos.

c.- Devoción a nuestra amada Madre María

Madre María “Mare de Déu”, siempre tierna y amorosa, a quien le debemos tanto, especialmente por aquel fiat en el que acepta ser la cierva de Dios y que la usase como un instrumento para cumplir su voluntad.

La Amada Madre María y la devoción hacia ella crece cada día más, por lo que en honor a ella también se realizan ciertas celebraciones y es invocada también por el pueblo de Dios.

Las fiestas y demás celebraciones marianas son sumamente intensas: novenas, gozos, himnos, procesiones, entre otras representaciones, son realizados en honor a nuestra amada Virgen María.

d.- Ángeles y Santos

Los Ángeles y Santos (reconocidos por la Iglesias Católica), especialmente aquellos que vivieron en nuestros pueblos, compartieron con nuestra gente y ahora son considerados patronos son los que se les venera de manera especial.

Las maneras de venerar a estos Santos son variadas, entre ellos: novenas, estampillas, reliquias, imágenes, cantos o gozos, libros piadosos o procesiones. Todas estas, son maneras de lograr un aumento en la devoción de sus fieles.

e.- Lugares Santos

La religiosidad, en ocasiones, está vinculada con algunos lugares considerados santos o sagrados. Existen regiones que están pobladas de ermitas y santuarios y son considerados por sus habitantes, espacios genuinos de devoción, piedad y fe.

Algunos de los monasterios son además, lugares de peregrinación, en donde personas de todo el mundo asisten a ese lugar como una muestra de su devoción o para solicitar un favor. Entre estos lugares, podemos mencionar:

Venezuela

  1. Basílica de Santa Teresa (Caracas)
  2. Santuario de la Virgen de Betania.
  3. Basílica Menor Santuario Nacional de Nuestra Señora de Guadalupe del Carrizal.
  4. Basílica Menor Santuario Nacional de Nuestra Señora de Coromoto.
  5. Santuario del Divino niño (Caracas)
  6. Santuario de la Paz (Barquisimeto)
  7. Santuario de la Madre María de San José
  8. Basílica de Santa Rosa (Barquisimeto)

Alrededor del Mundo

  1. Basílica de la Virgen de Guadalupe, Ciudad de México
  2. El Vaticano y la Basílica de San Pedro, en Roma
  3.  Tumba del Gran Iman Reza, en Mashad, Irán
  4.  Sitios sagrados y rutas de peregrinación de la cordillera de Kii, Japón
  5. Catedral de Notre Dame, París
  6. Basílica del Sagrado Corazón, Montmartre, París
  7. Templo de Sabarimala, Kerala, India
  8. Aparecida del Norte, Brasil
  9.  Santuario del Padre Pío en San Giovanni Rotondo, Italia
  10. Catedral del Colonia, Alemania
  11. Lourdes, Francia
  12.  Tumba del Iman Hussein, en Kerbala, Irak
  13. Monte Tai, Shandong, China
  14. Basílica de San Francisco de Asís, Italia
  15.  Santuario de Jasna Gora, Czestochowa, Polonia
  16.  Santuario de Fátima, Portugal
  17. Templo Meiji Jingu, Tokio, Japón
  18. La Meca, Arabia Saudita
  19. Jerusalén, Israel
  20.  Varanasi, India

f.- Prácticas de Religiosidad

Muchas de estas prácticas de la religiosidad popular se vinculan también con la oración hacia los difuntos. Por ejemplo: visitar los cementerios, celebrar misas por aniversario de muerte de algún familiar, rezos, o sufragios, son las más populares y practicadas por el pueblo de Dios.

g.- Ofrendas

Muchas personas, muestran su devoción o viven su religiosidad de una manera distinta, es decir, incluyen elementos como velas, flores, inciensos, entre otros, como una ofrenda o agradecimiento a Dios, a la Virgen María o a sus santos por los favores recibidos.

También, estas ofrendas pueden ser por una promesa realizada, así como peregrinar a uno de estos lugares sagrados para pedir o dar gracias.

Desde un punto de vista más personal o comunitario, los fieles se reúnen para rezar el santo rosario o representar el vía crucis.

h.- Actividades

Quienes promueven este tipo de actividades pertenecen a hermandades, cofradías, asociaciones o movimientos religiosos, y por supuesto, los fieles disfrutan mucho este tipo de actividades. Incluso, algunos miembros participan en la organización.

Las manifestaciones de religiosidad popular son y deben continuar siendo un tesoro que debemos conservar. Algunas de ellas, son además reconocidas por tener un carácter histórico y turístico, incluso, son consideradas patrimonio inmaterial de la humanidad.

Ante todo, son manifestaciones o expresiones del sentir, la devoción y la fe de un pueblo. Es importante conocerlas y si compartimos este sentir, practicarlas.

Forma parte de la tarea valorar esta religiosidad popular y promover todas aquellas prácticas que animen e inviten a los miembros de su comunidad y fieles a seguir a Dios, purificarse, mantenerse siempre renovados y servir a otros.

Como dicen, entre todos es más sencillo, siempre estableciendo límites y estando claros de que el fin último es y debe ser el seguir el camino de Dios, amarnos y amar a nuestro prójimo con toda nuestra inteligencia y corazón.

Seguir el ejemplo de la vida de Dios, aferrarnos y encontrar consuelo y fortaleza en su palabra. Realizar acciones y tener pensamientos que le honren y le glorifiquen. Servir y ayudar a otros, es nuestra manera de ayudar a Dios y colaborar en su plan divino.

La religiosidad popular debe ser un instrumento para la evangelización colectiva, para que otros que desconocen a Dios, le conozcan, y quienes se hayan alejado de su camino vuelvan, el Padre siempre nos perdona y nos recibe con los brazos abiertos.

La religiosidad popular como espacio de encuentro con Jesucristo

El Papa Francisco en su exhortación Evangelii Gaudium nos ofrece un mensaje valioso: Debemos vivir nuestra fe como un buen pastor, es decir, sin juzgar a otros y amar sin esperar nada a cambio.

Nuestra actitud ante la religiosidad debe ser piadosa, especialmente con aquellos menos afortunados. La fe, el amor y la devoción hacia Dios y nuestros hermanos deben ser la base de nuestra religión.

La Iglesia Católica no pretende imponerse como única verdad, sin embargo, debe establecer ciertos límites para que no perdamos el norte y la fe no se vea afectada o influenciada por cultos externos y en donde se adoran dioses paganos.

Sin embargo, la Iglesia en ocasiones comete el error de juzgar con sus miles de prejuicios realizados a favor de la supuesta “pureza de la fe” y no considera que la religiosidad popular es también una realidad, aunque quizás un poco distinta, sin embargo, nace como consecuencia de la conversión que nos otorga el espíritu santo.

Es importante más bien mantener un equilibrio entre la fe de la cultura popular y la iglesia, obviamente, siguiendo un lineamiento y buscando proteger esos espacios en donde podemos conectar y conversar con Dios. Algunos de los valores de la religiosidad popular son:

  1. Debe ser una experiencia enriquecedora. La fe, no tiene manera correcta e incorrecta, ya que se trata de un sentir, que se transforma en una manera de vivir. Esta experiencia nada tiene que ver con los símbolos o “estética”.
  2. Nos ofrece una perspectiva distinta de lo sagrado, lo divino y lo trascendente.
  3. Amor incondicional y misericordia.
  4. Nace producto de la historia no solo de una persona, sino de la historia de todo un pueblo.
  5. Debe estar inspirada en la vida, obra y palabra de Dios.
  6. Fidelidad y devoción hacia Dios. Algunos la demuestran utilizando crucifijos, velas, rosarios, imagen, entre otras en momentos difíciles, por ejemplo, la enfermedad de un hijo o la muerte de algún familiar.
  7. El magisterio de la Iglesia promueve valores y virtudes como: la paciencia, el confiar siempre en Dios, aceptar nuestras “cruces” diarias así como lo hizo Jesús, asumir nuestras responsabilidades, ser solidarios, agradar a dios con nuestras palabras, pensamientos y obras. El saber pedir perdón a Dios y hacer penitencia por nuestros pecados. Caridad, verdadera amistad y unión familiar.

Ya que la religiosidad popular es un encuentro y comunicación íntima con Dios Padre, el Papa Pablo VI nos dice que esta religiosidad si se orienta de la manera correcta puede representar una experiencia enriquecedora y un verdadero encuentro con Dios.

La fuerza evangelizadora de la religiosidad popular

La piedad popular debe ser la manera en la que el pueblo de manera espontánea sienta ganas de evangelizar espontáneamente y actuar como misioneros. Esta además, constituye el punto inicial en la maduración del pueblo cristiano. Algunos de los valores de esta fuerza evangelizadora están:

Esta religiosidad popular puede ser un momento para conocer a otros y socializar, crear proyectos en conjunto, generar nuevas experiencias, involucrarnos con alguna asociación, entre otros.

Por otro lado, la fe, debe ser una experiencia colmada de gozo, amor y devoción por Dios. Todo aquello que nos permita unirnos como comunidad para poder crecer y beneficiarnos todos, servir a otros, debe ser anunciado como parte de nuestra fe cristiana.

La religiosidad popular ha desarrollado una serie de simbolismos que permitan transmitir la fe y a su vez, comprender mejor el impacto que esta genera en nuestras vidas. La educación a través de la palabra y la búsqueda de Dios deben ser claves en nuestra vida cotidiana.

Nos conecta. Cada vez que compartimos experiencias fuertes como: fracasos, pérdidas, logros, agradecimiento, angustia, debilidad, dudas, entre otras, nos ofrece un consuelo, puesto que nos hace concientizar que no somos los únicos atravesando o que se ha enfrentado a dicha situación.

Es como una especie de apoyo, en donde todos nos escuchamos, nos motivan a continuar mejorando y nos inspiran a también lograrlo. Es, esta experiencia compartida y enriquecedora, la que le otorga un nuevo sentido y nuevas perspectivas a nuestra vida.

Nos lleva a pensar en muchas cosas, pero especialmente si hasta ahora hemos vivido de la manera que hemos querido, y más importante aún, si eso nos ha hecho felices y nos llena de gozo. Cuando esto no ocurre, entonces buscamos esa experiencia transformadora, esa trascendencia y santidad.

La fuerza evangelizadora también nos muestra y orienta sobre aquellas experiencias importantes de nuestra vida, por ejemplo, embarazo, matrimonio, como enfrentar los momentos difíciles y hasta la misma muerte.

Como seres humanos, sentimos sed de Dios, de esa fuente divina que todo lo puede, que trasciende y va más allá de nuestro entendimiento; Que vivamos plena y felizmente es el deseo más grande de Dios para nosotros.

La religiosidad se apoya en cantos, imágenes y narraciones con carácter religioso para transmitir las enseñanzas de Jesús y reforzar nuestra fe. Estas son también, maneras de celebrar y consagrar nuestra fe a Dios.

Se fomentan valores como la generosidad, el perdón, el sacrificio, el servicio a nuestros hermanos, aprender a estar en silencio y conectar con nosotros mismos, el compartir, la amistad genuina, entre otros.

La religiosidad en términos generales es también una autentica catequesis, en donde el servicio y la Iglesia, son para todos. A través de ella, aprendemos sobre la vida, obra y palabra de Dios, y esto, nos inspira a seguirle conociendo y nos invita a convertirnos en instrumentos de Dios.

Los Santos y mártires nos han demostrado durante muchos años que la vida en la tierra como seres humanos no es nada simple, pero con Dios, Padre, Dios hijo y el espíritu santo de nuestro lado, no existe prueba de la cual no podamos salir victoriosos.

Con Dios como nuestro guía las cargas se hacen más livianos y los retos más llevaderos. Y si además, sumamos el apoyo de la Iglesia el resultado es maravilloso, una vida desde la fe.

La religiosidad popular es una invitación para que cada pueblo logre reconectar con sus raíces y tradiciones religiosas, para luego, manifestarse desde el corazón.

Juan Pablo II expresó que una fe que no es adoptada como parte de la cultura de un pueblo no puede llamarse fe, porque no es acogida como propia y mucho menos, vivida, en cambio, cuando es adoptada por los pueblos, empieza a echar raíces y crecer en cada uno de los corazones de sus fieles.

La religiosidad popular integra la liturgia, la fe y la incultura, así como la conciencia, las artes, tradiciones y costumbres propias de cada pueblo. Estos, son creados entre el pueblo y los representantes religiosos de Dios en la tierra, considerados estos últimos como insustituibles en esta “evangelización renovada”.

Por lo general, los laicos se organizan junto a instituciones, hermandades o sociedades para servir a su pueblo y generar espacios donde participe de manera activa tanto la comunidad religiosa como su pueblo de fieles, todos unidos por un mismo sentir: el amor y el servicio a Dios.

Si bien es cierto que la manifestación de nuestra fe y amor hacia Dios son en su mayoría privadas, en la intimidad de nuestros hogares, son también importantes que sean expresadas de manera pública, ya que estas fortalecen nuestra fe.

La religiosidad popular es utilizada en diversas ocasiones como un medio o una herramienta que permite conservar aquellas tradiciones y costumbres propias, pero también, transmitir las enseñanzas de Dios, fortalecer nuestra fe, e invitarnos a una verdadera conversión.

El expresar y compartir nuestro testimonio con otros realmente facilita el proceso de evangelización y conversión de nuestros hermanos, bien sea, de aquellos que no conocen a Dios o que por diversos motivos han decidido alejarse de su camino.

Cuando escuchamos historias de los fieles con gran emoción, se genera una especie de onda expansiva, la cual resulta en una convocatoria masiva para continuar escuchando más historias y compartiendo tanta alegría y dicha.

Su alegría es contagiosa, y en la mayoría de los casos, se pueden tocar miles de corazones, uniéndose con un mismo propósito, compartiendo un mismo sentir y comunicando un mismo mensaje: el amor de Dios.

El amor de Dios, es tan grande, que puede destruir hasta la coraza aparentemente más dura, y hacernos sentir el amor y la devoción más grande por nuestro Dios Padre. Convirtámonos entonces en misioneros e impulsemos este servicio de todas las maneras posibles.

Evangelizar la religiosidad popular

A pesar de que la religiosidad popular debe poseer límites, es un acto netamente auténtico, en el cual, la información distorsionada, requiere de evangelización.

Desarrollar una evangelización profunda, que se mantenga a través de los años y las generaciones es el deber ser como buenos cristianos: manifestarnos como pueblo de Dios.

Suscitar la experiencia de la fe

El origen de la religiosidad es sin duda la experiencia que nos ofrece la fe, es por ello, que debemos ser cuidadosos con nuestras actitudes tanto internas como externas a la Iglesia, cuidadosos con nuestras palabras y obras y procurar que aquello que profesemos sea lo mismo que practiquemos.

La manifestación de esta religiosidad popular posee distintas vertientes: culturales, éticas, folclóricas, históricas, artísticas y hasta estéticas, es por ello, que debemos proteger, y hasta quizás, guardar con algo de recelo nuestras tradiciones, nuestro mensaje como pueblo, pues estas representan nuestros orígenes, y a su vez, el sentir de lo que conocemos como piedad popular.

Sentir con la Iglesia

Lo que conocemos o experimentamos como fe, surge dentro del mismo seno de la Iglesia, sin embargo, a través de la religiosidad popular se pueden sobrevalorar algunos aspectos de dicha experiencia, por ejemplo: emociones, gustos o sentimientos.

Para tener un verdadero encuentro con Dios no necesitamos de un símbolo, un templo, imágenes, o cualquier otro, solo la disposición de nuestro corazón y nuestra fe y devoción hacia Dios.

La Iglesia, junto a la palabra de Dios y los sacramentos, vienen a ser signos o muestras de fe en estos tiempos modernos. Servir a otros siempre debe ser parte de nuestra cotidianidad. Hacer el bien y hacerlo de corazón.

Es importante promover todas aquellas acciones que nos inviten a participar de manera activa en nuestras comunidades así como también en nuestras Iglesias y servir a los pobres y menos afortunados.

¿Qué actividades pueden surgir a partir de este sentido de pertenencia a la comunidad eclesial?

Integrar y acoplar la religiosidad en la vida activa de las parroquias para tener entonces una marcada presencia eclesial en la comunidad y el pueblo.

No se trata de solo escuchar o compartir la palabra con nuestros hermanos sino también en poner en práctica y aplicar todos estos valores y principios a nuestra vida cotidiana.

La vida cristiana es generar nuevos diálogos, así como saber escuchar, realizar actividades o proyectos en donde la generosidad, las celebraciones y la adoración a Dios estén presenten en todo momento.

Hablando de religiosidad popular debemos destacar y promover las relaciones entre diversas casas de Dios, evitando la sectorización y promoviendo la unión de los fieles en una única Iglesia: la Iglesia de Dios.

Hay que apostar siempre a generar hermandad, es decir, que los fieles puedan unirse o participar de manera activa junto a asociaciones o la Iglesia, transformando diversos espacios en lugares que nos permitan conocer, conversar y adorar a Dios.

Las cofradías no son agrupaciones o sociedades culturales o filantrópicas como erradamente se cree, por el contrario, están conformadas por una cantidad de fieles cristianos que desean fervientemente vivir comulgados junto a la Iglesia.

Es importante involucrar estas cofradías en las parroquias que hacen vida en nuestras comunidades, ya que es una manera de poder involucrar a la comunidad y hacerlos participes del compartir de experiencias positivas y enriquecedoras para todos, por ejemplo, actividades caritativas.

Compromiso de vida

Vida y fe, van de la mano, y cumplen un rol importante dentro de la religiosidad popular. El cristianismo no debe ser teoría sino una práctica, una experiencia que nos permita crecer personal y espiritualmente.

Es un compromiso que adquirimos como cristianos con nuestras vidas y en la búsqueda de obrar para siempre agradar a Dios.

Espíritu misionero

Un espíritu misionero debe ser parte de la religiosidad popular y esto genera un gran impacto en el pueblo y en la fe de estos, sin embargo, existe el riesgo de perder el norte y enfocarse más en el servicio, en lo estético o lo turístico.

Diálogo con los creyentes y no creyentes

El dialogo es sumamente importante dentro de esta religiosidad, pues más allá de ser creyentes o no, se pueden generar muchos debates interesantes, además de espacios en donde todos nos sintamos participes de una u otra manera.

El abrir nuestros espacios a personas que incluso practican una religión diversa a la nuestra puede ser el primer paso para unirnos como un único pueblo de Dios, además de que podemos aprender unos de otros y la experiencia se vuelve mucho más enriquecedora.

Respetar las opiniones diversas, aceptar al que piensa distinto o a aquellos que aún no reciben el don de la fe, es un primer paso importante que debemos dar juntos para convertirnos en una sociedad plural y multicultural.

La necesidad de acompañar pastoralmente la religiosidad popular

La tarea de acompañar a otros, si bien no es sencilla, debe ser realizada desde la perspectiva de un pastor para con su rebaño, es decir, desde el amor y el respeto, con mucha paciencia, siendo tolerantes, y actuando con amor en nuestro corazón.

Al igual que un pastor debe ser suave, dócil, actuar con inteligencia y no desde la fuerza bruta, para lograr que su rebaño le siga y no que este las empuje. El pastor es una guía, que con su dulzura nos va conduciendo hasta el lugar que desea.

Los pastores, en algunas ocasiones, han abandonado a su rebaño, no desde un mal sentido, sino rechazando la religiosidad popular y afirmando que esta no es más que una expresión impura e inmadura de la fe.

Es allí, donde debe entrar en juego el diálogo, el escuchar al otro, practicar la paciencia y el ser humildes. Cuando los pastores se integren a su pueblo, comprenderán mejor todo este tema y cuán importante es para sus fieles.

La verdadera labor de un pastor no es llegar a cambiar prácticas o costumbres de un pueblo, sino más bien otorgarles un verdadero sentido, acompañar y educar desde la fe. Alimentar y fortalecer nuestra fe, hacer partícipes al pueblo de Dios. Esto se logra a través de la caridad, la liturgia y la palabra de Dios.

La educación en la fe

Aunque la religiosidad popular aunque es una manifestación auténtica de la fe, requiere ser educada y que se le establezcan límites, no para determinar la manera “correcta” de vivir nuestra fe (ya que esto no existe), sino para evitar falta de conciencia, sincretismo, el subjetivismo excesivo, entre otros.

Bien sea mediante catequesis sistemáticas, de formaciones permanentes, ocasionales o de iniciación, lo más importante es que se ofrezca una formación integral que le permita al individuo crecer no solo a nivel personal, sino también, a nivel espiritual.

Una vida cristiana, implica vivir de acuerdo a ciertos valores y virtudes, por lo que este tipo de formaciones resulta ser sumamente enriquecedoras. Más allá de ser una formación pastoral o teórica, debe ser también espiritual y experiencial, que promueva e invite a una verdadera transformación profunda y genuina.

La religiosidad popular es una catequesis de por sí para sus fieles y el pueblo de Dios, sin embargo, es importante, hacer de esta catequesis participativa, dinámica y motivadora, en donde expresemos libremente nuestra fe. Es, de cierta manera, conducirnos de a poco, con paciencia y amor hacia una fe mucho más madura.

En algunas ocasiones, la religiosidad popular puede estar contaminada o distorsionarse con diversos elementos que nada tienen que ver con lo que promueve la doctrina católica. Es en estos casos donde de a poco y de manera no impuesta se debe ir trabajando en la purificación de la misma.

Es en este punto en donde la paciencia y la prudencia deben cumplir un rol importante y ejercer su función atenta y respetuosa, de catequesis, eliminando toda incongruencia radical que pueda afectar las doctrinas ofrecidas por el Magisterio de la Iglesia.

Aunque muchas personas hayan sido bautizadas esto no supone la garantía de que a lo largo de su vida se mantendrá fiel a Dios o disfrutará seguir su camino, estas personas también pueden haber perdido la fe, o enfrentarse a momentos duros, que le han hecho que su fe se ponga a prueba.

Necesitan entonces ese algo que les haga nuevamente creer y encontrar el camino de vuelta a su Padre, a su origen y hacia ellos mismos, en donde el centro de su vida sea nuevamente Dios.

La Biblia debe formar parte de todo hogar cristiano, pues este representa la guía para seguir el camino de Dios, también, donde encontremos consuelo y fortaleza a través de Dios.

La Sagrada escritura debe ser una guía que nos muestre como debemos vivir para agradar a Dios, para seguir su camino, e inspirar a otros a seguirle.

Piedad popular y liturgia

Entre la piedad popular y la liturgia debe de existir una relación completamente armoniosa, en donde una exista y se complemente a través de la otra y viceversa.

El directorio para la piedad popular y la liturgia deben incluir ciertas indicaciones y establecer ciertos principios básicos, entre ellos, podemos destacar:

La Sagrada liturgia no puede igualarse por nada, ya que esta representa una fuente de vida y un camino para el cristiano. Mientras las acciones sacramentales resultan vitales para poder vivir y seguir el camino que Dios ha trazado para nosotros. La piedad popular se refiere a lo vivencial, a la experiencia como tal que ese camino o modo de vivir puede generarnos.

Debemos comprender que aunque la piedad popular y la liturgia se relacionan y hasta se complementan son conceptos diferentes y debemos aprender a diferenciar la una de la otra.

Tanto la piedad popular como la liturgia forman parte de la cultura cristiana, sin embargo, no deben confundirse, sino mantener una armonía entre ellos.

La liturgia, por su parte, deberá constituir ese punto que nos permita entender de manera clara la importancia de la oración, la fe y una vida entregada a Dios que se relacionan con la piedad popular.

Por su parte, la piedad popular es más bien como un símbolo de la expresión y la liturgia puede aportarle gran dinamismo para que de una vez por todas se integre la cultura de la Iglesia con la cultura generada por los distintos pueblos.

En vista de todo esto, se proponen ciertas acciones, entre ellas:

a.- Ejercicios de Piedad

La religiosidad popular es expresada muchas veces a través de los “ejercicios de piedad”, es decir, glorificar a Dios y seguir su ejemplo, para poder disfrutar de una vida enteramente cristiana, en toda la extensión de la palabra.

Dichos ejercicios deben, en la medida de lo posible estar ajustados a la liturgia y a la sagrada escritura, y por supuesto, es importante respetar los lenguajes que se utilizan, pues esto es una manera de respetar la cultura del pueblo al que se está dirigiendo.

Debemos renovar estos ejercicios de piedad continuamente, de manera armoniosa y auténtica, desde el corazón.

b.- Vivir auténticamente

La religiosidad popular es algo que debe vivirse con total autenticidad, evitando el utilitarismo que nos ofrecen la piedad religiosa. No debemos solo expresar que amamos a Dios y él nos ha convertido, sino demostrarlo más bien con hechos siendo coherentes entre lo que pensamos, decimos y la manera en la que actuamos.

c.- Fortalecimiento de la conciencia

Es importante fortalecer constantemente nuestra consciencia, nutriéndola de la palabra de Dios y creyendo en él, en sus promesas, resurrección y pronta venida a la tierra.

La piedad popular es sumamente sensible ante el amor de Padre que nos ofrece Dios, en ocasiones, creemos erradamente que amarle y conversar con él es suficiente, pero en realidad, este desea que le demostremos madura y claramente nuestro amor, nuestra devoción, nuestra entrega y servicio.

Si el Espíritu Santo ha obrado en nosotros, entonces demostremos humildad, entrega, disposición. Ayudemos a nuestros hermanos menos afortunados; expresémonos con lenguaje amoroso, bondadoso y misericordioso.

Jesús entregó su vida por nosotros, pero así como sufrió y sufrimos con él, también debemos celebrar su poder, su resurrección y su gloria. Sintamos gozo porque Dios venció a la muerte.

d.- Equilibrio

Como fieles y cristianos, debemos tener siempre un equilibrio entre los misterios de la vida de Jesús, la conmemoración y celebraciones marianas y nuestros Santos. Nuestro amor es infinito, entreguemosle entonces de manera justa, respetemos la jerarquía de los misterios.

La pascua, debe representar nuestro centro, nuestro equilibrio, nuestra tristeza, pero también nuestra alegría. Celebremos con toda la fuerza de nuestro corazón la resurrección del Hijo de Dios, ese momento glorioso, en donde Dios muestra la grandeza de su poder.

e.- La Reconciliación y la Eucaristía

Los sacramentos deben motivarnos a una conversión desde lo más profundo de nuestro ser, así como también a reconciliarnos con el cuerpo y la sangre de Cristo Jesús.

La devoción que sentimos hacia Dios Padre, debe conducirnos a recibir la eucaristía con plena conciencia, comprendiendo todo lo que ello significa y nos ofrece en un acto aparentemente simbólico.

f.- Expresión Artística

La piedad popular posee una naturaleza bastante particular, por ello, necesita de una expresión artística, es decir, que los pastores inviten a su pueblo a alabar a Dios mediante rituales, cantos, música, expresiones, arte, entre otras, las cuales, a su vez, mantienen con buena salud nuestra cultura religiosa.

El Servicio de la caridad

Parte de la misión evangelizadora de la Iglesia es trabajar y recibir a todos aquellos que desean conocer y amar a Dios, incluidos aquellos menos afortunados, es su deber como religiosos y guías del pueblo de Dios mostrarse solidarios y atentos a las necesidades de su pueblo.

La religiosidad es mucho más que rituales y oraciones, es también, servir a otros e inspirar cada día a más personas a amar a Dios y a sus hermanos.

Cuando se manifiesta la fe pero olvidamos la misión social, no existe entonces una auténtica forma de piedad popular. Es por ello, que la Iglesia considera importante invitar a su pueblo a participar de las actividades no solo de la Iglesia, sino también, de las que organicen como comunidades.

La religiosidad es mucho más que saber todas las oraciones, rituales, o participar de la celebraciones de la misa, es estar dispuestos a servir a otros, mostrarnos solidarios con aquellos menos afortunados, con quienes están enfermemos, se sienten solos o han sido abandonados.

Las mejores tradiciones son aquellas en donde las asociaciones y cofradías promueven no solo la palabra de Dios, sino también la caridad y el servicio, el amor a Dios, pero también, el amor a nuestros hermanos. Es importante entonces:

Promover la religiosidad acompañada de acción y el servicio social.

Debe fomentarse que la religiosidad popular nada tiene que ver con los lujos o bienes materiales, la religiosidad debe ser una expresión de nuestro corazón, mantenernos humildes, despojarnos más bien de todo aquello que nos genere ambiciones malsanas, vivamos como Cristo, una vida simple.

Debemos sensibilizar a los representantes de Dios en la tierra y formarlos para que comprendan la importancia de la religiosidad acompañada de la piedad popular.

Conclusión

Dios nos invita constantemente a manifestar nuestra fe, tanto de manera privada como pública, pero lo más importante no se trata de expresar con palabras nuestra conversión, sino con hechos, sirviéndole a él a través del socorro de su pueblo.

Evangelizando a otros y compartiendo con gozo la dicha de vivir de manera cristiana, de manera simple y humilde, así como Dios lo hizo. Vivamos nuestra religiosidad acompañada de la caridad, de la piedad popular, el servicio comunitario, el dar de corazón.

Cuidemos nuestras tradiciones y costumbres, pues ellas, nos han representan y manifiestan nuestra esencia.

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