Oración Bendita Sea Tu Pureza (Católicos Romanos)

No existen muchas oraciones a la Virgen que hayan contado con tanta apoyo en la devoción popular como Bendita Sea tu Pureza. Luego del Ave María que reúne la alabanza de Dios por las palabras del Ángel, esta plegaria plasma el elogio honesto, piadoso y modesto de quienes reconocen con entusiasmo la hermosura del alma de María. A continuación conocerás más acerca de esta oración.

Bendita sea tu pureza

Oración Bendita Sea tu Pureza – Significado

El fervor a la Virgen María se puede hallar en cualquier rincón del planeta. Y es que la Madre del Señor es un faro de luz para todos los cristianos. Bajo su manto afectuoso nos hallamos amparados y contamos con el poder  de enfrentar cualquier clase de problema. La plegaria Bendita sea tu Pureza es un breve ruego de auténtica devoción mariana.

Escasa líneas que no obstante cobijan mucho. Adoración por la Nuestra Señora, aquella que cuida en todo momento a cada ser humano. En ella se plasma la devoción por un ser divino que ilumina nuestras existencias. La madre que todos adoramos y sin la que no entenderíamos nuestra vida.

Oración Bendita Sea tu Pureza

Bendita sea tu pureza y por siempre lo sea,
pues todo un Dios se regocija, en tan agradable belleza.
A Ti divina princesa, Virgen Bendita María,
te encomiendo en este día, alma, existencia y corazón.
Contémplame con piedad, no me abandones, Madre mía.
Amén.

Creación de la Oración Bendita Sea tu Pureza

Como suele acontecer con muchas oraciones religiosas, la procedencia de las mismas se muestra diluida en los siglos. De acuerdo a la tradición, quien la escribió  fue un poeta de Sevilla del siglo XVI-XVII. No es de aquellos de gran reputación, sino un ser de fe que redactaba poemas para sobrevivir. No obstante, el fervor que sentía por la Madre de Dios le posibilitó escribir una oración que llegaría muy lejos, tanto en su tiempo como en sus mejores sueños.

No hay evidencia de como se llamaba dicho poeta. Tal vez él mismo había resuelto eliminarlo para que quedase solo lo que verdaderamente era importante, la oración devocional a la Madre de Dios. Igualmente se ignora si el texto era más largo. En ciertas versiones puede hallarse un postrer verso tras “no me abandones Madre mía”, el cual debería ser continuado por «fallecer sin confesión en la última angustia”.

Significado de la Oración Bendita Sea tu Pureza

La Pureza es una afirmativa virtud consagrada por el Señor. Con ella se expresa el candor del alma y posibilita a los seres humanos que la posean aproximarse al cielo. Enaltece y espiritualiza. Si esto lo agregamos a la Madre de Dios, su merito se acrecienta de manera indetenible. La Virgen es toda inocencia. Fue engendrada sin mácula alguna y de ella nació el Señor.

No hay sombras en Ella, como sí sucede entre los hombres. Al llamarla Virgen Sagrada María hacemos referencia a que de ella vino Jesús, el Redentor. Simboliza el templo de Dios, el lugar divino en el cual Jesús exhibe su amor.

Cuando la plegaria Bendita Sea tu Pureza dice mírame con piedad, ruega a la Virgen compasión. Su autor conocía que al ser la madre suprema, aquella que jamás nos olvida, su pedido jamás caerá en saco roto. La plegaria Bendita Sea tu Pureza en una oración devocional destinada a la Madre del Señor, la cual se cree que fue redactada por un poeta de poco éxito del siglo XVI-XVII.

Bendita Sea tu Pureza: La Sencillez de una Oración Mariana

Para ensalzar a María en su Inmaculada Concepción, deseo compartirles una hermosa oración, que con seguridad muchos de ustedes no sólo recordaran sino que reza frecuentemente. Toda ella es una alabanza a la Madre de Dios y Madre nuestra, pero igualmente es manifestación de los anhelos de nuestro corazón, al tiempo que una pedido filial de amparo. Les hablo de Bendita Sea tu Pureza.

Se comienza con decirle “Bendita” lo que es una bondadosa entrada para alcanzar al corazón de María. Esa es usualmente una ingeniosidad espontánea de los que adoran a su Hijo: como aquella mujer del Evangelio, todos hemos de decirle Bendita a su Madre. Es usual que así lo hagamos, ya que la Santísima Virgen es quien mejor plasma, luego del Hijo, las beatitudes. Se señala que ellas son el autorretrato de Jesús; entonces, igualmente retratan perfectamente la vida de María. Por ello es muy pertinente y natural saludarla como “bendita”.

Bendita sea tu pureza

“Sea tu pureza y por siempre lo sea”. Ingresamos así en el alma de María, y con fascinación, y tal vez también nostalgia de nuestro lado, ensalzamos la pureza de su corazón en todo el curso de su existencia. Contemplamos en Ella a la “plena de gracia” desde su Concepción Inmaculada, igualmente en la Encarnación, al lado de la cruz y en su maternidad sobre la Iglesia.

Con adoración de hijos le señalamos como el arcángel Gabriel: “has conseguido gracia ante el Señor”. La hemos admirado desde la escogencia eterna del Señor para ser instrumento de la llegada a la tierra del Verbo encarnado y la hemos contemplado en la eternidad, ascendida al cielo en cuerpo y alma. Y le damos gracias que todo eso haya ocurrid con su “sí” al Señor en favor nuestro.

“Pues todo un Dios se regocija en tan agradable belleza”. La mirada del Señor es mostrada por siempre fascinada de María, y en Ella, su modesta esclava, hace cosas inmensas para hacerla bella. Ya que la hermosura de María se encuentra en el amor que obtiene de Dios. El Padre hermosea el corazón y el seno de madre de la Palabra que se convirtió carne y vivió entre nosotros, para que la hermosura del amor de Dios alcanzara a todos los hombres.

“A ti divina princesa”. A “ti”, le decimos observándola a su rostro bendito, nos dirigimos a la Virgen con una honda y filial confianza, al tanto que le decimos: “Divina princesa”. Con una enorme admiración la relacionamos a la familia del Soberano: es hija del Señor Padre, madre del Señor Hijo y esposa del Espíritu Santo.

Se nos ha ocurrido denominarla princesa, del la misma manera que en otras oportunidades le llamamos reina. Es igual, lo que importa es que conocemos que es parte de la familia más íntima de Dios, que por su alma fluye la “sangre” divina. Ella, la que primero entre todos nosotros ha sido endiosada por la encarnación del Hijo, que se convirtió en hombre para que el hombre se convierta en hijo de Dios.

“Virgen Bendita María”. Su seno es el altar bendito de Jesús, el Redentor, así como igualmente lo es su corazón, en el cual siempre nos conseguiremos con su Hijo. El de María es un seno virgen para un parto virgen: “Virgen Bendita”.

María es santuario bendito de Dios, sitio de su presencia, portadora de amor, lugar sagrado en el que el Señor se exhibe amoroso y redentor. “María” es el nombre de la criatura humana única y que no se puede repetir. “María” es la mujer que “entre todas ellas”, en toda la familia humana, es escogida, es convocada y es alistada por los propósitos divinos para una existencia íntimamente vinculada al misterio salvador de su Hijo.

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