Si Dios creó al mundo: ¿Quién creo a Dios exactamente?

¿Quién creó a Dios? Una pregunta que se han hecho los seres humanos, grandes historiadores, filósofos, teólogos y hombres en general desde que el mundo es mundo. Si deseas saber la respuesta a esta interrogante y conocer el origen de todo lo que conocemos incluyéndonos, te invitamos a leer este artículo en su totalidad.

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¿Quién creó a Dios?

¿Quién creó a Dios? Es probable que todos en algún punto nos hayamos hecho esta pregunta, la curiosidad, forma parte de nuestra naturaleza como seres humanos, el querer darle un sentido o explicación a todo lo que conocemos, así como también, a todo aquello en lo que creemos.

Durante casi toda nuestra vida hemos escuchado hablar de Dios, de su vida, obra y palabra, de ese ser supremo que está para nosotros en todo momento, luchando nuestras batallas y es quien está detrás de cada éxito y momento de alegría.

Dios es nuestro Padre Celestial, ese ser superior, ese espíritu, esa energía maravillosa que creó al mundo, pero ¿Quién creó a Dios? Esa continúa siendo la pregunta del millón de dólares.

Probablemente durante tu niñez, tu familia te ha enseñado a orar, a tener fe y pedir perdón a ese Padre Celestial, a ese ser omnipresente y omnipotente, que todo lo ve, que nos conoce de pies a cabeza, e incluso, conoce nuestros deseos y anhelos más profundos, esos que nunca hemos mencionado a nadie, pero entonces ¿Quién creó a Dios?

El principio del todo

Cuando somos niños, empezamos a leer sobre Jesús, el Hijo de Dios, el Espíritu Santo, la Virgen María, nuestra Amada Madre Celestial, Madre de Dios y Madre de todas las criaturas sobre la tierra.

Empezamos a leer la Santa Biblia y ¿qué es lo primero que nos encontramos? A Dios, por supuesto. A sus obras maravillosas, una gran cantidad de milagros, el inicio de todo lo que conocemos, incluso nuestro propio origen, pero una pregunta sin respuesta es ¿Quién creó a Dios?

En realidad, ¿Quién creó a Dios? es una pregunta bastante interesante, profunda, llena de misterio, sin embargo, debemos admitir que quizás, continuará siendo un misterio, puesto que resulta casi imposible conocer ¿Quién creó a Dios? cuando conocemos a medias o de un modo muy general nuestro propio origen.

Ante esta interrogante, quizás la respuesta más acertada y sincera sería que algo o alguien tuvo que haber creado a Dios, sin embargo, esta aparente respuesta genera un sin número de otras preguntas como:

¿Quién o qué es Dios? ¿Dios es hombre, mujer o un ser definición de género? ¿Es energía? ¿Una fantasía creada por el hombre? ¿Qué significa ser Dios?

¿Qué ha existido desde siempre?

Vamos por partes. Si algo o alguien existió antes de Dios, y a su vez, lo creó, entonces, Dios, ya no sería realmente “Dios” porque habría algo o alguien más grande y más poderoso que él.

Parte de su trabajo, al menos en la manera en la que lo concebimos y aprendimos de nuestros padres, y a su vez, ellos de sus padres, y estos de sus antepasados, y así sucesivamente, hasta el inicio del mundo, es él, es ser todopoderoso, eterno y preeminente creador de todo lo que conocemos (y aún nos falta por conocer).

¿Quién creó a Dios? Si algo o alguien más lo creo, esto significa dos cosas, la primera, que existió un tiempo en el que Dios aun no existía, y la segunda, que existe un ser más grande, poderoso, eterno y preeminente que él, quien entonces sería el verdadero creador de todo lo que conocemos.

Sin embargo, esto no termina aquí, porque habría un problema todavía más grande, si la respuesta ante la interrogante ¿Quién creó a Dios? es por ejemplo, un alíen, entonces la pregunta se convierte en ¿quién creó al alíen?

Entonces, la respuesta quizás sería, un estallido de energía creó al alíen, entonces, la pregunta se vuelve a transformar, ¿qué causó ese estallido de energía? Y la respuesta pudiera ser: una reacción química, un proceso biológico o un fenómeno astrofísico, y así la pregunta se volvería a transformar infinita cantidad de veces y nunca encontraríamos el verdadero origen.

O mejor dicho, no nos sentiríamos del todo satisfecho con ninguna respuesta, porque como mencionamos al inicio de este artículo, el ser humano, siempre, por naturaleza, intentará descubrir una explicación lógica, coherente, capaz de ser comprendida por nuestra razón, pero las respuestas, por muy buenas, nunca parecen ser suficiente para nosotros.

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Algunas implicaciones lógicas

Como seres humanos, necesitamos siempre saber más, entender más, y una vez que lo comprendemos, nos hacemos otra pregunta y empezamos de nuevo y este proceso se repite una y otra vez hasta el fin de nuestros días, hasta nuestro último aliento.

Un filósofo, una vez, dictó una conferencia de cosmología, su ponencia, fue impecable, sin embargo, a pesar de su excelente explicación con teorías que comprobaban sus estudios, una viejecita se atrevió a contradecirlo diciendo que su teoría del sistema solar estaba errada.

Y afirmó: “Vivimos en una corteza de tierra que cae en la espalda de una tortuga gigante”, a lo que le filósofo, en vez de defenderse o humillarla a aquella señora de origen humilde preguntó: – “¿De qué está hecha esta tortuga?”

La viejecita le dijo: – “Usted es un hombre muy inteligente, pero la primera tortuga está parada sobre la espalda de una segunda tortuga mucho más grande”…

Y el filósofo persistió con su pregunta inicial – “¿pero en qué se apoya esta tortuga?” Y la viejecita dio una respuesta sorprendente: “Lo siento, es inútil, son tortugas, hasta el infinito”.

Quizás, en este punto te estés preguntando ¿cuál es el punto de esta historia? La respuesta: muestra exactamente el problema. La pregunta no puede ser contestada simplemente afirmando que algo o alguien más creó a Dios.

No podemos negar que muchos piensan que toda esta historia subraya lo absurdo de creer en Dios para empezar, por lo que la otra solución posible sea quizás decir que nuestras ideas sobre Dios no son más que simples fantasías creadas por nosotros mismos.

Y podemos continuar diciendo entonces que la religión no es más que una construcción humana y un mecanismo de enfrentamiento, pero aun cuando eliminemos por completo la idea de la existencia de Dios la pregunta ¿Quién creó a Dios? no desaparece de escena.

La interrogante de ¿Quién creó a Dios? sigue estando presente, por ejemplo, ¿cuándo y cómo se originó el universo? ¿qué o quién creó este universo? ¿qué causó el famoso big bang? ¿qué existía antes del big bang? ¿cómo empezó el tiempo y el espacio y qué son en realidad? Y así puede continuar una serie de preguntas infinitas.

Lo que si estamos seguros es que estas son sin duda preguntas extraordinarias, complejas y llenas de misterio, que filósofos y científicos han intentado tratar de responder y han debatido sobre estos temas durante miles de años.

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¿Cual pudo haber sido la causa del universo?

A la luz de estas preguntas, una de las soluciones más útiles sería volver a la idea original ¿qué significa ser Dios?

Los seres humanos somos seres contingentes, cuya existencia depende de factores externos u otros seres, por ejemplo, necesitamos aire para respirar, alimentos y agua para nutrirnos y en mucho casos, compañía o propósito para poder expresar o sentir que nuestra vida ha sido significativa.

Cuando éramos bebés, necesitábamos de nuestros padres o cuidadores, sin ellos, ninguno de nosotros habría logrado sobrevivir, por lo que podemos decir que nuestra existencia depende enteramente de otro, entonces, si necesitamos siempre de otro ser ¿cómo explicamos el cómo es que estamos aquí?

Si el tiempo y la causalidad se extienden hasta el infinito, no habríamos entonces llegado nunca al momento actual. Tal vez, la mejor explicación es que el momento actual del camino hay un ser que no es como nosotros, ósea, que no es contingente, por lo que entonces, este ser es necesario.

Ser necesario significa que la existencia de uno no depende de nada ni de nadie más, en otras palabras, este otro ser es auto causado y auto existente, por lo que a menudo, es considerado Dios.

Incluso J. Jay Mackie, un reconocido filósofo y además ateo preeminente, reconoce que la idea de un ser necesario proporciona una idea robusta a la difícil pregunta que se nos plantea: ¿Quién creó a Dios?

Cada cosa existente en el mundo es contingente, el mundo, como un todo es una colección de tantas cosas, por lo tanto, es contingente de sí mismo y debe haber una razón suficiente para el mundo que no sea el mundo.

Este, tendría que ser entonces, un ser necesario, que contiene su propia razón suficiente para existir. Evidentemente, las cosas deben tener razón para su existencia, y esto, debe ser encontrado en última instancia en un ser necesario, debe de existir algo libre de la enfermedad de la contingencia.

Esta contingencia, pareciera ser una enfermedad que afecta a todo en el mundo y al mundo en su conjunto, aunque sea infinita en el pasado. Este entendimiento ve a Dios como el origen de toda vida y de la existencia misma.

Pero entonces, ¿Quién creó a Dios? O quizás, deberíamos pensar que Dios no fue creado, porque él es la fuente de toda la creación, si este es el mismo Dios descrito en la Biblia, en el Corán o en cualquier otra escritura sagrada, aunque ese sería tema de otra discusión, y en este caso, de otro artículo.

¿Quién creó a Dios según la Biblia?

Al menos, uno de los primeros Judíos Cristianos creía en este Dios así, por lo que quizás, entonces sería válida la pregunta ¿Quién creó a Dios según la Biblia?

La Biblia, a pesar de ser considero un libro sagrado no logra responder tampoco a esta interrogante, sin embargo, existen versículos que Dios es el Rey de la eternidad, es el creador de todo lo que conocemos. Algunos de estos versículos son:

  • Salmo 90:1-2
  • Isaías 40:28 (Reina-Valera1960)
  • Judas 25
  • 1 Timoteo 1:27
  • Revelación [Apocalipsis] 1:8
  • 2 Pedro 3:8
  • Isaías 40:22; 55:8, 9
  • Revelación 4:11
  • Génesis 1:1-2
  • Job 38:4, 7; 33:4
  • Colosenses 1:15

Cada uno de estos versículos son prueba de que Dios existe, ¿qué mayor prueba queremos cuando existimos?

Y además, sabemos que nuestra condición humana nos hace que nuestra vida dependa de otros, entonces, debe existir ese Dios que nos ha creado y nos permite vivir.

Es normal cuestionarnos ¿Quién creó a Dios? y más difícil aun creer en su promesa de que volverá a habitar entre nosotros, como hombre.

Quizás dudamos, porque no logramos comprender que una de las características de Dios según la Biblia es que él por ser eterno no posee inicio, así como tampoco un fin, por lo que para Dios un día puede representar más de mil años.

El Apóstol Pablo, creía que los filósofos, teólogos y artistas, podían llegar a la misma conclusión sobre Dios “el creador”, quien además es todopoderoso y eterno. En cierta ocasión, expresó frente a una multitud de oyentes griegos:

“El Dios que hizo el mundo y todo lo que hay en él es el señor del cielo y de la tierra y no vive en templos construidos por ningún ser humano, no es servido por manos humanas como si de alguien necesitado se tratara, por el contrario, él mismo da a todos la vida, el aliento, el pan de cada día y todo lo demás”.

Porque en este Dios creador vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser. Dios, el documentalista, el director de esta gran obra llamada vida, planeta y las criaturas que habitan en él.

¿Quién creó a Dios? Quizás nunca lo sabremos, pero al menos que algo o alguien nos ha creado, os permite estar vivos, disfrutar de sus infinitas maravillas, de la brisa, de los momentos.

Dios, es el creador de todas nuestras experiencias (buenas y no tan buenas), de nuestra familia, de todo aquello tangible e intangible que nos permite estar vivos y disfrutar de este mundo, de esta creación perfecta y maravillosa.

Quienes rechazan a Dios

Quienes rechazan a Dios y niegan que este fue el creador de todo cuanto conocemos está negando su propia existencia, ya que como mencionamos anteriormente, nuestra vida humana es efímera y además, depende de otros seres.

La creación de Dios es tan perfecta que hasta un organismo unicelular es una obra maravillosa. Todo cuanto existe posee un origen, unos dicen que fue Dios, otros, afirman y defienden de que somos el resultado de nuestra propia evolución.

Sin embargo, en ambos casos, tendríamos que reconocer que debió existir algo o alguien que originase esa primera célula, por ejemplo.

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