Lectio Divina, una preciosa invitación Cristiana a Orar

Lectio Divina, que quiere decir en latín: lectura divina, que puede ser interpretada como lectura orante, es una metodología de reflexión y oración de un texto bíblico que utilizaban los católicos desde los primeros años del Cristianismo. El primero en utilizar esta expresión fue Orígenes, quien vivió aproximadamente entre los años 185 y 254, y fue un teólogo, quien afirmaba que para leer la Biblia con provecho, se requiere que lo hagamos con atención, constancia y oración.

lectio divina

Práctica de la Lectio Divina

En la práctica de la lectio divina debemos contar con una actitud receptiva y reflexiva sobre lo que Dios nos dice por medio de la palabra. La práctica de la lectio divina está dividida en cuatro partes: lectio, meditatio, oratio y contemplatio, que traducidas quieren decir, lectura, meditación, oración y contemplación.

Estas etapas deben cumplirse en silencio y contemplativamente. En la época medioeval, esta metodología era usada particularmente por el  clero monástico. Pero con el tiempo logró extenderse a los fieles. En la actualidad es una práctica común entre los católicos practicantes.

¿Qué es la Lectio Divina o lectura orante de la Palabra?

La Lectio Divina consiste en la lectura de las Sagradas Escrituras de un modo no académico, sino de forma espiritual, con lo cual se pretende que podamos “conocer a Jesús de un modo cada vez más personal, escuchándolo, viviendo con él, estando con él, siendo sus amigos”, logrando una comunión de pensamiento que “no es algo meramente intelectual, sino también una comunión de sentimientos y de voluntad, y por tanto también del obrar”.

El Papa Benedicto XVI nos recomendó esta antigua práctica, que literalmente significa «lectura de Dios». La lectura continua de las Sagradas Escrituras, junto con la debida oración, permitirá realizar ese diálogo íntimo con el que, por medio de lectura, se escucha a Dios que nos habla, y por medio de la oración, lograremos responderle con una confiada apertura del corazón.

Esta propuesta, durante los últimos cuarenta años, ha recibido una nueva y gran promoción en toda la Iglesia, luego de la publicación de la constitución dogmática «Dei Verbum» del Concilio Vaticano II, que ocurrió el 18 de noviembre de 1965.

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El santo padre indicó que si se promovía esta práctica con eficiencia, estaba seguro de que se produciría una nueva primavera espiritual en la Iglesia Católica, porque no podemos olvidarnos nuca de que la Palabra de Dios es una lámpara de luz que guiará nuestros pasos y luz en nuestro camino

Cómo orar con la Palabra de Dios

Utilizar el método de la lectura orante de la Palabra, además de ser una reflexión, es también una experiencia de reencuentro personal e íntimo con Dios, que te ama y que sale a tu encuentro. Estos pasos te irán van llevando al interior mismo de la Palabra. Estos son los pasos de la lectio divina que debes seguir para lograr ese diálogo interior con Dios:

El primer paso es que invoques al Espíritu Santo. Solicita que te ilumine y te abra al entendimiento de su Palabra y que te anime a la respuesta correcta con tu vida y tus obras.

Luego de ello, lee muy lentamente el texto bíblico. Luego vuelve a leerlo nuevamente. También es provechoso leer algún comentario que te pueda permitir conocer mejor el sentido del texto que estás leyendo. Deja pasar el tiempo que sea necesario al Señor y trata de escuchar el mensaje que Él quiere darte en esas Palabras. ¿Qué dice el texto? Uno se pregunta: ¿Qué sucede en este pasaje del Evangelio?  Existe un pasaje que nos recuerda que Jesús está en la sinagoga de Nazaret, y que lee las Escrituras hebreas.

En este caso, al comienzo de su ministerio público, el Señor expone tanto su identidad como su misión a los moradores de su ciudad. Debe haber causado una gran impresión para ellos escuchar que “un joven del pueblo” comentaba una lectura del profeta Isaías, y que luego dice: “Hoy mismo se ha cumplido la Escritura que ustedes acaban de oír.” En otras palabras, que él es el cumplimiento de la Escritura!. Al inicio, probablemente la gente pensaba que era una experiencia agradable oir la lectura que hacía Jesús, pero luego de ello, se volvieron contra Él y casi lo matan.

De alguna forma, el Señor pasa en medio de ellos y se va. No debe extrañarnos, entonces, que a este pasaje lo llamen “el rechazo en Nazaret.”

Medita el verdadero sentido de la Palabra, sobre lo qué te dice la Palabra que has leído lentamente. Una vez que hayas logrado captar el sentido del texto, será el momento de hacerte la pregunta: ¿qué me dice esta Palabra? ¿Qué quiere decirme Dios a mí en este texto?. En este paso, uno debe pensar si hay alguna cosa que Dios quiera darnos a conocer con este pasaje. En casi todas las oportunidades uno podrá relacionarlo con algún suceso o experiencia de nuestra vida.

Pongamos por caso, ¿han ocurrido situaciones o hemos estado en lugares en los que nos se hemos sentido llamados a hablar “en nombre de Dios”, inclusive aunque alguien que esté presente lo rechace? En el pasaje del Evangelio sobre “el rechazo de Nazaret”, Jesús probablemente conocía que su mensaje iba a ser polémico, pero con todo y eso, lo proclamó. ¿Existe algo en tu vida que te impulse a adoptar una postura muy firme e incluso arriesgada? Quizás sea esto es lo que Dios quiere comunicarte.

Ora, porque por medio de la oración le responderás al Señor, quien te ha enviado su mensaje en la Palabra meditada. Que tu actitud sea la de la Virgen María: Hágase en mí según tu Palabra. ¿Qué es lo que quiero decirle yo a Dios sobre el texto que estoy leyendo? Luego de meditar en este pasaje, es probable que sintamos temor por lo que crees que el Señor te está pidiendo que hagas. Si esto significa tener que defender a alguien que ha sido objeto de maltrato, o incluso tener que defendernos nosotros mismos, quién sabe si la idea pueda asustarnos.

Tal vez temamos ser objeto de rechazo, y más aún, ser rechazado por los conocidos y amigos cercanos, como le pasó a Jesús en su propia ciudad. Pero también es posible que nos sintamos animados por el ejemplo de la confianza de Jesús, y tratar de recordar que todos los profetas muy probablemente tuvieron algo de temor cuando tuvieron que cumplir su misión de dar a conocer las profecías.

Con todo y eso, tanto Jesús como los profetas transmitieron el mensaje, actuaron a pesar del miedo, siempre con la confianza en Dios. Usa este paso en el que debes orar para darle a entender al Señor cómo te sientes con relación al resultado de tu meditación. Debes ser honesto y no te preocupes: ¡Porque a Dios no le sorprende ninguna emoción!

Con todo y eso, tanto Jesús como los profetas transmitieron el mensaje, actuaron a pesar del miedo, siempre con la confianza en Dios. Usa este paso en el que debes orar para darle a entender al Señor cómo te sientes con relación al resultado de tu meditación. Debes ser honesto y no te preocupes: ¡Porque a Dios no le sorprende ninguna emoción!

Contempla, tratar de lograr que la Palabra te impresione, te fascine, en silencio, en calma. Déjate llevar por el ardor de la Palabra, como aquellos que reciben calor y la luz del sol.

Actúa, es necesario que hagas un compromiso que sea producto de ese encuentro con el Señor. Es el verdadero salto a la vida. Animado e invadido por la Palabra, podrás regresar a tu vida con otra actitud. ¿Qué hacer como resultado de la oración? El paso final es actuar. La oración debe movernos a actuar, aunque esto solamente quiera decir que debemos ser más compasivos y fieles a las enseñanzas.

Luego de que hemos leído la narración de lo que hizo Jesús en la sinagoga, hemos reflexionado sobre lo que Dios nos dice y le hemos dicho a Dios lo que pensamos, es hora de entrar en acción. Puede ser que te decidas a efectuar alguna acción concreta, para  poder defender con más decisión y valentía a aquel que pueda encontrarse oprimido, o bien decidas que lo que debes hacer es perdonar a alguien que te haya causado algún mal, o incluso pienses que quieres rezar más sobre lo que debe ser hecho.

Sea cual sea el resultado, es el momento de dejar la oración y pasar a la acción. Hay que saber saborear y escuchar. Hay otro modo de practicar la lectio divina que es un  poco diferente, en el cual uno se queda sencillamente meditando sobre una idea, una sola palabra o una frase que uno escoge del pasaje que hayamos leído. De esta forma uno puede “saborear” el texto, como decía San Ignacio de Loyola.

Esto tiene muy buenos resultados con los salmos. Pongamos el caso del Salmo 23, que comienza con la frase “El Señor es mi pastor.” Cuando llegues a la frase “En verdes praderas me hace descansar,” quizá puedas sentirte inclinado a meditar en lo agradable que podría ser tener un descanso apacible y tranquilo en esa verde pradera.

Si eres una persona muy ocupada, tal puedas aprovechar esta oportunidad, sólo para descansar junto a Dios, o bien puedes pensar en aquellos lugares o situaciones que en tu vida podrías comparar con “verdes praderas” y darle gracias a Dios por eso. De esta forma, tu lectio divina se limitaría sólo a una oración concentrada o un descanso apacible, una gratitud sin palabras.

Dios tiene diferentes formas de actuar en la vida de sus hijos y muchos medios para comunicarse con nosotros. La práctica de la lectio divina es sólo uno de ellos. El Señor nos puede hablar por medio de la Santa Misa y los sacramentos, así como a través de nuestras experiencias y amistades y también desde de la naturaleza, la música y el arte. En todos esos momentos, la voz de Dios viene a nosotros; por eso, cuando reces y sientas que Dios te habla, debes poner atención y escuchar.

No importa la edad que tengas, la lectio divina para jóvenes funciona de la misma manera que para los mayores, porque cada uno ha de comprender a Dios desde su propia perspectiva. En este sentido, si eres una persona que es fiel a la oración con y desde la Palabra de Dios, seguro es que tu vida irá cambiando. La Palabra permitirá que puedas confrontar tus criterios, sentimientos, actitudes y conducta, con lo que la Palabra misma te vaya inspirando. Es necesario que ames a la Palabra, la estudies, la dejes que moldee tu personalidad.

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