Oraciones para después de Comulgar en la Iglesia

Las Oraciones para Después de Comulgar, son una serie de plegarias que le permiten al creyente fortalecer su fe, en el siguiente artículo te enseñaremos como realizar estas oraciones de manera efectiva y así obtener sus beneficios. Aprende verdaderamente cual es la Oración para Después de Comulgar.

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Oraciones para Después de Comulgar

Vamos a presentar una serie de oraciones para después de la comunión que se encuentran dirigidas a las personas para después de comulgar. Estas son una serie de oraciones que son realizadas por los devotos católicos. Antes si es primera vez que ve algo como esto o que no sabe que significa comulgar entonces conozcamos un poco de manera breve que es Comulgar.

La palabra Comulgar llega a ser el verbo que es utilizado por los creyentes católicos para llegar a decir que se encuentran recibiendo lo que es la Sagrada Comunión. Sin embargo, ¿qué significa la palabra Comunión? el término de Comunión (“común-unión”) llega a ser la unión de Cristo con todas las personas y también se trata de la unión de todas las personas con Cristo. Estas son palabras mayores, ¿no?.

Acto de Fe

Oh amado ¡Señor mío Jesucristo!, creo que verdaderamente te encuentras dentro de mí con tu Cuerpo, tu Sangre, tu Alma y también tu Divinidad, y lo creo mucho más firmemente que si lo viese con mis propios ojos.

Acto de Adoración

¡Oh amado señor Jesús mío!, te adoro porque te encuentras presente dentro de mí, y también me uno a la María Santísima, al igual que a los Ángeles y a todos los Santos para poder adorarte como lo mereces.

Acto de Acción de Gracias

En este día mi señor te doy gracias, mi Jesús amado, de todo mi corazón, porque has llegado a venir a mi alma. Oh Virgen Santísima, ángel de mi guarda, ángeles y los Santos del Cielo, por favor dad por mi gracias al Dios eterno.

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Alma de Cristo

Oh Alma de Cristo, por favor santifícame. Oh Cuerpo de Cristo, por favor sálvame. Sangre de Cristo, te pido que me embriagues. Agua del costado de Cristo, por favor lávame. Gran Pasión de Cristo, te pido que me confortes. ¡Oh, buen Jesús!, por favor óyeme. Dentro de tus llagas, quiero que me escondas.

No permitas que me aparte de Ti. Del maligno enemigo, por favor defiéndeme. En la hora de mi muerte, por favor llámame. Y también mándame ir a Ti. Para que con tus santos te pueda alabar. Por los siglos de los siglos. Amén

A Jesús Crucificado

Por favor Mírame, ¡oh mi amado y buen Jesús!, en este día me encuentro postrado en tu presencia: para rogarte, con el mayor fervor, que imprimas en mi corazón los sentimientos vivos de fe, de esperanza, caridad, el verdadero dolor de todos mis pecados y el firmísimo propósito de nunca llegar a ofenderte; mientras que yo, con el mayor tipo de afecto y de compasión de que soy capaz, voy a ir considerando y también contemplando tus 5 llagas, teniendo en todo momento presente lo que de Ti, oh buen Jesús, llegó a decir el Salmista David:

“Han taladrado mis manos y mis pies y se pueden contar todos mis huesos”. (Salmo 21:17-18)

A Jesucristo

Dulce Señor Jesucristo, te ruego que por tu Pasión sea la virtud que me fortalezca, al igual que me proteja y también me defienda; que tus llagas lleguen a ser comida y también bebida que me alimente, que me calme toda mi sed y que me conforte; que la aspersión de tu sangre sea la que lave todos mis delitos.

Que tu muerte sea la que me dé la vida eterna y que tu cruz llegue a ser mi gloria sempiterna. Que en esto sea que encuentre el alimento, la alegría, la salud y también la dulzura de mi corazón. Tú que habitas y vives y que también reinas por todos los siglos de los siglos. Amén.

Quédate, Señor, Conmigo

(Esta es una significativa Plegaria del Padre Pío, la cual se debe realizar justo luego de la comunión)

Oh querido Jesús en este día, me visitas como Padre y como Amigo fiel, lleno de amor y compasión. Te ruego que me acompañes en todo tiempo. Guía mis pasos siempre. ¡Quédate, Señor, conmigo!

Te pido amado Jesús que me llenes de tu luz y que me des tu gracia para salir adelante. Por eso con humildad una vez más te pido ¡Quédate, Señor, conmigo! Señor, se que tu puedes abrazarme y darme fortaleza divina en todo tiempo, por eso te ruego que me unas cada día más a ti. ¡Quédate, Señor, conmigo! Por favor acompáñame en la vida. Tu presencia de verdad necesito. Sin Ti desfallezco y caigo. ¡Quédate, Señor, conmigo!

Declinando se encuentra la tarde. Voy corriendo como un río hasta lo más hondo del mar de la muerte. Por favor ¡Quédate, Señor, conmigo! En la pena y también en el gozo sé mi aliento mientras vivo, hasta que muera en tus brazos. Por favor señor ¡Quédate, Señor, ¡conmigo!

Acción de Gracias

Te doy gracias, mi amado señor Jesús, del favor que me has hecho de venir a mí. Si al llegar a recibir un regalo cualquiera, en te llegó a dar las gracias, ¡cuántas más te las daré a ti, que me has dado a ti mismo en persona! Gracias te sean dadas por un tan gran beneficio. Ahora en este día te puedo decir que yo soy tuyo, y tú eres todo mío. Como correspondencia a este gran beneficio, yo procuraré poder llevar una vida que sea más santa, al igual que más pura, y por sobre todo más agradable a ti. Amén.

A la Santísima Virgen

Oh amada María, Virgen y también Madre Santísima, he llegado a recibir a tu Hijo amadísimo, que llegaste a concebir en tus inmaculadas entrañas, siempre criándolo y también alimentándolo con tu pecho, y que lo abrazaste tan amorosamente en tus brazos en todo momento.

Al mismo que te llegaba a alegrar contemplar y te llenaba de gran gozo, con un amor y humildad en este día te lo presento y te lo ofrezco, para que lo abraces, para que lo ames con todo tu corazón y para que lo ofrezcas a la Santísima Trinidad en un culto supremo de gran adoración, por tu honor y de la misma manera por tu gloria, y por cada una de mis necesidades y por las de todo el mundo entero.

En este día te ruego, piadosísima Madre, que por favor me alcances el perdón de todos mis pecados y lo que es la gracia abundante para poder servirte, desde ahora, con una mayor fidelidad; y por último, la gracia de la perseverancia final, para que en este momento pueda yo alabarle por todos los siglos de los siglos. Amén.

A San José

El gran Custodio y el padre de las vírgenes, San José, a la cual cuya fiel custodia le llegaron a ser encomendadas por la misma inocencia, Cristo Jesús, y también a la Virgen de las vírgenes, María. Por estas 2 queridas prendas, Jesús y también María, te ruego y también te suplico que me alcances que, preservado toda clase impureza, la cual sirva siempre con un alma limpia, un corazón puro y también un cuerpo casto a Jesús y también a María. Amén.

Salmo del Amor a Jesús

Este es un salmo de amor que lo devotos pueden llegar a realizar después de haberse comulgado. La misma consiste en las siguientes palabras:

Os amo como os aman los Ángeles y Santos, que con Vos están en el Cielo.

Oh Jesús, os amo y deseo que todos los hombres os conozcan y amen.

Os amo por tantos infieles que no os conocen y por tantos impíos que os blasfeman.

Os amo por tantos herejes que os niegan y por tantos malos cristianos que os ofenden.

Os amo por los condenados en el infierno, que nunca tendrán la dicha de amaros.

Oraciones para Después de Comulgar

Un Salmo de Adoración

Os adoro, Jesús mío, dentro de mi alma, porque sois mi Creador y mi Señor.

Os adoro, como os adoran los Ángeles del Cielo que están en vuestra presencia.

Os adoro como os adoran los Ángeles que están alrededor de vuestros altares.

Os adoro como os adora vuestra Santísima Madre; os adoro dentro de mi corazón.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo: a un Dios en Tres Personas bendigo y canto.

Oración de la Piedad

Esta llega a ser una oración por la piedad de Dios, hacia todos sus devotos hijos. La oración es la siguiente:

Postrado a tus pies, Oh amado señor Jesús, te dirijo con todo mi fervor las siguientes súplicas para que lleguen hasta tu hermosa presencia:

Ojos de Jesús, por favor Miradme. Ahora que te encuentras en mí, mirad a mi alma y por favor sálvala. Labios de Jesús, por favor Háblame. Dime qué es lo que he de hacer para poder santificarme. Oh Pies de Jesús, por favor Sígueme. No quiero desde ahora en adelante ir a ningún lugar malo. Gran Mano de Jesús, por favor Bendíceme. Con tu bendición me va a ser mucho más fácil de no pecar.

Amado corazón de Jesús, Ámame. Sabiendo que tú me amas, nada más quiero y deseo. Oh poderoso brazo de Jesús, condúceme. Guíame por el buen camino del bien y por favor apártame del mal. Y a la gloria eterna por favor llévame. Sí, al Cielo contigo, con la Virgen Santísima, con los Ángeles y con los Santos quiero ir. Amén, amén.

Oración de la Confianza

Oh amado corazón de Jesús, en ti confío y también espero que me concedas las gracias que necesito para poder imitarte y ser un verdadero santo. Por tu Corazón, ahora que se encuentra tan unido al mío, te pido que no permitas que nunca me aparte de ti por el pecado mortal. Por tu gran Corazón, que es tan humilde, hazme manso y humilde de corazón.

Por tu amado Corazón, que es tan mortificado, por favor dame de las fuerzas para poder llegar a alejar de mí todo por cuanto pueda llegar a ponerme en peligro del ofenderos. Por tu amado Corazón que es tan obediente, has que llegue a ser obediente a mis padres y a todos mis superiores. Por tu amado Corazón que es tan piadoso, por favor concédeme el espíritu de piedad hacia Dios, y de poder hacer con gran perfección cada una de mis devociones. Por tu amado Corazón que es tan casto y tan puro, dame el don de la pureza y también de la castidad. Amén.

Oración del Temor y de la Esperanza

Esta es una serie de oración que debe de recitar tal cual como se llega a describir en el siguiente texto: Oh amado Jesús mío, por favor atiende a mi oración:

Temo al infierno; pero espero en Vos.

Temo el pecado mortal; pero espero que me daréis gracia para no caer en él.

Temo presentarme delante de Vos; pero espero que me daréis sentencia de salvación.

Temo los escándalos del mundo; pero espero que con vuestra gracia no me engañarán.

Temo las malas compañías; pero espero que me ayudaréis a apartarme de ellas.

Espero, Jesús mío, ir al Cielo. Ayudadme.

Espero vivir siempre en gracia de Dios.

Espero presentarme limpio ante Vos.

Espero no dejarme engañar del mundo.

Espero huir de malas compañías.

Os contemplo, Jesús mío, adorado por los ángeles, los Reyes y los pastores.

Os admiro en los brazos de María y en la casa de Nazareth

Os contemplo predicando y haciendo milagros, muerto en una cruz y resucitado.

Oración de los Propósitos

Acabo de llegar a comulgar: acabo de llegar a recibiros, Jesús, en mí. Por favor escucha todos mis propósitos. ¿Me enfado con facilidad? ¿Me domina el orgullo? ¿Tengo mal genio? Por favor ayuda a corregirme. ¿Acaso me porto mal con mi familia? ¿Doy algún tipo de disgusto a mis padres? Me portaré mucho mejor. ¿Leo algún tipo de libro, de novela o incluso una revista con relatos o figuras poco decentes? No los voy a leer más.

El Coloquio con Jesús

Esta es una conversación que se presenta entre el señor Jesús y un joven.

  • Señor Jesús: ¿Estás contento de haberme recibido?
  • El Joven: No puedo negarlo, Jesús mío; siento en el fondo de mi corazón un gran gozo.
  • Señor Jesús: ¿No te gustaría tener siempre íntima, amistad conmigo?
  • El Joven: Sí, me gustaría mucho.
  • Señor Jesús: De ti depende; Yo te amo.
  • El Joven: Es verdad; pero hay una cosa en mí que me estorba para estar en vuestra compañía
  • Señor Jesús: Dime, ¿cuál es ésta?
  • El Joven: Te lo diré mi buen Jesús. Son las pasiones de mi corazón.
  • Señor Jesús: Precisamente uno de los efectos de la Comunión es calmar esas Pasiones.
  • El Joven: Oh Jesús, procuraré comulgar con frecuencia y con todo el fervor posible.
  • Señor Jesús: guardad mi alma del pecado.
  • Señor Jesús: infundid en mí toda virtud.
  • Señor Jesús: haced que yo sepa imitaros.

El Coloquio con María

Esta llega a ser una conversación entre la Virgen María y un Joven que establece una conversación con ella:

  • La Virgen María: Has recibido ya a mi Hijo. Como yo le tenía en mis brazos, tú le tienes en Tu corazón. Agradécele esta visita.
  • El Joven: Sí, Madre mía desearía yo serle muy agradecido: pero ¿cómo lo he de hacer?
  • La Virgen María: Amándole mucho y tratándole bien, o sea, no echarle fuera con el pecado mortal.
  • El Joven: Es lo que pido a Jesús: que nada me separe de Él.
  • La Virgen María: ¡Qué pena me dan ciertos jóvenes que reciben, es verdad a Jesús, pero le vuelven en seguida las espaldas!
  • El Joven: ¿Es esto Posible? ¿Recibir a Jesús y poco después abandonarle?
  • La Virgen María: Sí, esto hacen los que por la mañana comulgan, y después van con malas compañías, y a malos espectáculos.
  • El Joven: Pues yo prometo que no he de ser de estos. Ayudadme a saberlo cumplir.

Peticiones

Tú has llegado a decir, Oh Jesús: Pedid y recibiréis. Por lo que vengo, pues, a pedirte:

  • …Que seas en todas partes mucho más conocido, mucho más amado, también más adorado.
  • … Que bendigas y sostengas al Papa de Roma, tu representante en la tierra.
  • … Que incrementes a los Sacerdotes y también a los Misioneros que trabajan por la salvación de todas las almas.
  • …Que los que se encuentran en gracia de Dios no lleguen a caer en el pecado y que los pecadores se conviertan a ti y no se condenen.
  • … Que llegues a bendecir y santifiques a mis padres, a mis hermanos, a todos los parientes, a mis amigos y hasta incluso a mis enemigos, para que todos te sirvamos en la tierra y podamos gozar juntos de ti en el Cielo.
  • …Que bendigas a todos mis superiores y también a los encargados de mi educación.

San Ignacio de Loyola Oración del Alma de Cristo

Esta llega a ser una oración antigua tipo medieval, que ya suele aparecer en los diversos códices del siglo XIV, a la que el gran San Ignacio tenía una muy especial devoción. Y el buen hombre, encontraba lo que era su refugio en la Pasión de Jesús y en esta clase de oración repitiéndola con mucha piedad, en la dura trayectoria del cáncer que llegó a sufrir. La oración llega a ser la a siguiente: Pasión de Cristo, por favor confórtame…

Miradme, ¡Oh mi gran amado y buen Jesús!, el cual Postrado ante vuestra divina presencia en este día te ruego y suplico, Con el mayor fervor de que soy capaz, que te dignes de grabar en mi corazón unos vivos sentimientos de fe, de esperanza y también de caridad, el verdadero dolor de todos mis pecados y el firme propósito de nunca ofenderos mientras que yo, con todo el gran dolor y la compasión de que llegue a ser capaz, voy considerando también tus 5 llagas, Teniendo presente todo aquello que, de ti, dijo el santo salmista David

Oraciones Para Después de Comulgar

“Han taladrado mis manos y mis pies y se pueden contar todos mis huesos”.

Con las condiciones acostumbradas, se puede llegar a lucrar por la indulgencia plenaria siempre recitándola ante un Crucifijo luego de llegar a comulgar. Y si quieres, también puedes besar el crucifijo. El sacerdote le dijo a su hija, al momento de llegar a celebrar las exequias de su padre, que le conmovía cuando durante cada día veía a su padre llegar a repetir con mucha piedad estas oraciones luego de comulgar ante el crucifijo y también besarlo luego.

Oración con la que Culminan los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola

Que buena es la costumbre de repetir, con piedad, estas grandes oraciones luego de la Misa, después de la Comunión y de llegar a lucrar cada día la indulgencia plenaria que se puede incluso ganar y también aplicarla por las almas del purgatorio, o por un tipo de difunto, o por uno mismo. La indulgencia plenaria que es la que perdona todo rastro de pena a causa de los pecados cometidos y de los ya perdonados. Lo que, si no se llega a hacer aquí, se hará en el purgatorio.

Los días que se precedieron a la muerte de una joven madre, que murió con unos 40 años de edad y dejando a unos 9 hijos, de 6 a 20 años, su hija en todo momento la oía siempre repetir, con piedad y con gran devoción, estas oraciones.

Que buen hábito es lo que ella aprendió con la preparación para lo que es la Primera Comunión, y el llegar a repetirlas luego de comulgar cada día después de la Misa y de esa manera, llegar a insertarlas en la propia vida de ella. Que buena llega a ser la costumbre de seguir enseñándolas en la Preparación para lo que llega a ser la Primera Comunión a todos los niños y también a los mayores. Existe una clase de continuidad en el reguero de la santidad. Esas clases de oraciones del siglo XVI son las que nos siguen ayudando en la actualidad.

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